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Llamado a grito herido, Madre.

¿En qué momento empecé a cargar con la culpa de desear querer? ¿En realidad soy yo o simplemente obedezco al capricho de mis impulsos? No recuerdo haber querido tanto estar sobre otro cuerpo más que ahora. Cuando era niño no me imaginaba la dependencia que el sentir iba crear en este cuerpo lánguido. Me he equivocado tantas veces que estoy empezando a enamorarme de los errores, por estar esperando el acierto. ¿Qué hay en mí, madre, que no me deja respirar en paz sin estar compartiendo lo que siento? En las noches de soledad mi peor enemigo son mis emociones. Es de noche, madre, cuando vienen a casa y se siente vacía, invaden cada rincón, cada esquina de mi cama, es este maldito anhelo de besar y ser besado. Quiero cambiar de cuerpo por uno que no viva cada vez que muere de amor. No muero de amor, tengo la paz de la soledad y es ahí cuando me siento muerto. Muerto en la muerte. Mis recuerdos se ríen de mi ahora quinceañero pensar. Mátame, madre, dispara con una de e...

Wings.

No hay frío, el calor no es mucho, pero de algo sirve la calefacción que me produce recordar su boca. Tal parece que la vida me muestra la necesidad de fijarme en mí, por primera vez. El poder de relegar mi atención y que se pose sobre planes futuros ahora es mío. He olvidado, he perdonado, he besado, he abrazado, me he lamentado. La noche es insistente, quiere que me aferre al calor que yo mismo produzco, no a otro. O quizá, a uno que está lejos. Yo a usted le besaría todo el cuerpo, me volvería fanático de sus abrazos, de su calor, de eso mismo que ni usted ni yo sabemos lo que significa ni nos interesa descifrar. La noche no sirve para más que para reflexionar sobre lo realizado en todo el día. Yo, por ejemplo, acuso que hoy he pensado en usted desde la palabra hasta la omisión. La misma canción se repite, como en el afán de la adolescencia, y es ahí cuando me descubro sonriendo por imaginar la repetición de estar raspando mi cuerpo con el suyo. Malditas estas man...

Pink Martini.

Siempre le prometí desaparecer después de despedirnos.  Desde el inicio sabía usted que yo no hago parte del lugar común de las personas que esperan.  No vuelva.  Ya no duele, ya pasó.  Usted tenía razón al asegurarme que dejara que el tiempo pasara y me demostrara que la situación no valía la pena.  Eso hice.  Pasó.  Y sí. No vale la pena ni la alegría.  Lamenté mucho que sus "Te extraño" no hubieran sido sinónimo de "Volver", pero ya no. Lo siento, cuerpo lánguido y delgado que alguna vez deseé con todo mi metro ochenta y un centímetros. Usted ya no duele ni porque recuerde el arrullo con el que algún día abracé su cuerpo entre mis piernas.  Al parecer está recapacitando.  Ha sido usted un gran aprendizaje.  Supe, por usted y su indecisión, lo que no sabía antes sobre mí: soy capaz de seguir creyendo en eso que los demás llaman "querer". (Sonrío tranquilamente).

Doce meses.

No creas que no te recuerdo. Te tengo presente cada vez que respiro y no respiro. No creas que no te pienso. Si te extraño cada vez que escucho a una persona reír. No creas que no te siento. Cierro los ojos y te percibo a mi lado, tan leal. No creas que no te extraño. Si cada vez que pasa una abuela caminando pienso en que tú caminabas bailando. Te escribo, abuela, porque ya he hablado mucho contigo y quiero comunicarme de otra manera, digamos, más cercana al lenguaje que me enseñaste. Como has visto, ando recorriendo lugares conocidos, otros inhóspitos, otros que aunque presentes en los mapas del país se quedan sólo en la memoria de sus antepasados. Es un encuentro que me he propuesto, un reencuentro al que he sido obligado, pero agradecido quedo de tanta cosa descubierta en mí. Lo más feo de estar lejos de casa es no saber qué pasa a cada instante con Piaf, tú hubieras cambiado tu visión sobre los acompañantes de cuatro patas y la consentirías mucho. Mi mamá ya l...

El alma y el cuerpo.

La playa, el mar, la brisa, la gente, las hormigas que me carcomen por dentro y por fuera, el sol, el calor, la pobreza, la apariencia, los pies hinchados, la soledad, la cabeza, los sentimientos y yo. Estuve caminando, más de lo que me había propuesto, y me descubrí cansado, agotado de tanto esperar. Escribir es un ejercicio básico y fundamental para mentes débiles como la mía, si no escribo me enveneno. ¿En qué momento dejé de ser egoísta? ¿Desde hace cuánto tiempo mantengo la fe? ¿De quién es la responsabilidad de hacerme sentir como ahora me siento? Tengo la sangre hirviendo de tanto pensar, de tanto esperar o quizá de tanto corresponder. Tengo poca claridad de lo que quiero y se ha desdibujado la idea de lo que no quiero. No soporto el egoísmo de las acciones, las decisiones unilaterales, los arrebatos que llegan sin arrepentimiento. Espero. ¿Quiero esperar? Hay tantas cosas sin trascendencia que ni yo mismo entiendo el peso que quiero sumarle, como si se tratara de la úl...

No título.

¡Pero qué jodido es querer! ¡Qué complicado es dejarse querer! ¡Qué mierda es dejar de querer!

Beautiful Tango.

Necesito que llegue el afán de la semana, necesito ocupar mis sentidos en otra cosa que no sea su cuerpo, su presencia. Si usted supiera, querida hermosa figura, cuánto tiempo ha pasado para que este cuerpo mío regurgite tanta desazón. Hoy, aquí y ahora, mientras afuera todos duermen, yo me encuentro con su recuerdo aún latente, con su voz como eco de mi casa, de mi cama. Me urge escribir, no temo a hacerlo y mucho menos temo a responsabilizarme por cada centímetro de su cuerpo que sea tocado por mis manos. Me alienta, me revive de tanta inercia emocional que ya de antes ocupaba mi cuerpo. Se preocupará usted por el afán de mi sentir, sonreirá usted el día que lea esto, rasguñará mis ropas la noche en que, como en estas, me desea. No soy más que un ser que aprendiendo a ser humano crece y decrece. Y llega usted, con los brazos abiertos y en pie, con ninguna otra manera de proponerme felicidad mutua que a través de un beso. En estas líneas entrecortadas no tengo otro interé...