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Para: Juan Tarquino. E.S.M

Ya está ocupado. Espere su turno. Vuelva a intentarlo. Lo sentimos, hasta luego. Odio tanto llegar a un lugar sin ser invitado. Presentarse con regalo incluido y una gran sonrisa como tatuaje facial no es suficiente. Puede no haber celebración o puede que ya no haya cupo. Desde hace un año y medio he preferido tomar el asiento de la esquina, un whisky en la mano y el gesto de admiración a las parejas de la fiesta, mover el pie derecho al compás de la música, saludar a unos cuantos desconocidos, fumar para tener cómo pensar, pedir otro trago, seguir vocalmente la canción que a gran volumen ambienta la escena, arreglar un poco las vestiduras, beber más whisky, sonreír porque se acerca un nuevo desconocido, perder el equilibrio y ganar la llamada para un taxi, llegar a casa y compartir mi cama con mi pijama. Esta vez llegó una invitación a una festividad  extranjera, el mensajero miró mis ojos fijamente y me hizo saber que era bienvenido con el mayor placer. Acepté sin creer que la ...

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Es ahora cuando veo las puertas entreabiertas. Las calles vacías y húmedas, el aire lame el recuerdo de quienes pasaron afanadamente. Lo sé muy bien, debo estar expuesto. Pago el precio de lo nunca cometido, son los rezagos  de estar destinado a la no-utopía. ¡Cómo parte en dos lo que estuvo en pedazos hace tiempo y que ahora se vuelve uno, sólo uno! Aseguran los transeúntes del estado de intimidación en que esta figura delgada los ubica. Madre, yo sólo respiro y sonrío. ¿Qué hay de villano en mi andar que detiene cualquier intento de caminar de la mano ajena?  La vida traza una delgada línea entre el camino desolado y el que está lleno de jolgorio. Vacío.  Empty room. Living room. Dime afrodita, ¿Cómo hiciste para quitarles a las sirenas sus amantes? ¿Cómo batallaste contra los destiempos? ¿Cómo apaciguaste las penas ajenas, las lejanías extranjeras, las mañanas desoladas y las convertiste en desayunos placenteros, de esos en que el pan no es llevado a tu boca por tu ...

Carta abierta a mi madre

¿Mamá, por qué no nací en Europa? ¿Por qué mi padre no fue Chaplin o Bob Marley o al menos Samper? ¿Por qué tenías que llamarme con el nombre más popular de toda América? ¿Por qué, Madre, tuve que hablar español? Madre, ¿Por qué mis vacaciones nunca fueron en París? ¿Qué te costaba, Madre, haberme criado en un palacio, lleno de tapetes hechos de piel de tigre? ¿Era mucho pedir engendrarme con un hombre al cual pudiera con respeto llamar: Papá? Sentármele a la diestra, agarrarle la mano y, sin temor, decirle: -Tengo miedo Padre. Tengo miedo de no responder a los azares de la vida. ¿Madre, por qué no viajo de vez en cuando entre los siete mares y decido la estadía de mis noches entre un folleto de hoteles cinco estrellas? ¿Para qué, Madre, la vida tenía que negarme posibilidades y hacer de mí un bastardo de la realidad social? ¿Por qué, Mamita, no podíamos beber vino a la cena? ¿Por qué, cuando niño, tuve que compartir habitación con mi hermana? ¡Yo quería un palacio! ¿Por qué no nací en...

Cordial invitación a la N A D A

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Escribí algo para ti en la melodía de la canción que suena una y otra vez. Escribí en el beso que me diste a la luz de la noche. El escrito se dibuja justo al lado de tu labio superior, ese mismo que se esconde entre colores rubios cuando sonríes. Sin una sola palabra, pero a pulso, escribí una pequeña huella en tu lengua. La noche sirve de espejo, una calle desolada (yo sé que nos ven, siempre hay alguien observando), un sonido nervioso esperando a ser exhalado. Un aliento completo que se desafora con el simple rose de las manos, de tus dedos y los míos. Desventurados quienes temen a una carrera llena de velocidad, quienes no ceden al riesgo de abalanzarse a la nada. ¿Y qué si no hay fondo? ¿Dónde vamos a caer? ¿Y si no es caer sino levantarse? Deja tu figura tendida en mi almohada, yo me encargo de no desdibujar las señales de tu cabeza, el resto de tu cuerpo lo tengo en el pecho y es lo que hace arder cada latido. Es esta fiebre la que calienta mi deseo de esperar, y cuando lle...

Esta habitación encerrada por árboles

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  Y por qué he de escribir grandes figuras literarias mientras la ciega noche me llena de soledad y vestigios. No seré yo un poeta maldito a quien sin azar la estructura narrativa acompaña. Menos intentaré comprender el lenguaje musical del verso que galopando se interpone en las palabras. No pretendo negarme en la tragedia del protagonista vacío y sin rumbo. No quiero. No deseo. No me impongo… Mientras usted, amor ausente/invisible, no sea constante transeúnte de mi cama. Un cigarrillo, su voz de fondo que ambienta y calienta el ambiente frío de mi ciudad. Amarle se ha hecho especial, aunque no esté aquí. Me detengo, me permito escuchar introspectivamente los latidos del corazón cuando su imagen atraviesa mi imaginación y la vuelve de colores, escucho atentamente y descubro que el ritmo se acelera y entra en melodía constante, sonante… dinámica. ¿Quién no ha amado con miedo a caer? Y si caigo será en el prado que me ha construido. Un par de algodones verdes fluorescentes det...

Rezagos de un algo no elocuente.

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No quiero escribir, dice el corazón. Y esta alma mía no cree en la frivolidad, que cada vez se comporta repulsiva con mi recibimiento. Ya mi mente se cansa de disfrazarse en impresionismos. Mis manos se quejan abiertamente de ya no escribir para ojos alternos. No hay. Ódiame yo mismo, ódiame como sólo yo mismo puedo hacerlo. Y clamo al cielo perdón, pero las nubes no responden. Hoy no llovió. El cielo lloró a la par de mis ojos. Sin encontrar razón alguna sólo puedo tratar de hilar palabras y componer una musiquita. He vuelto a la tienda, pedí cigarrillos. La mujer que vende me ha mirado sorprendida como si supiera que algo pasa. ¿Tanto se me notará esta ausencia que entre vaivenes me despoja de mí mismo? No te quiero matar SUEÑO, matarte más veces de las que ya lo he hecho sin contar que tienes más vidas que un gato. Y aunque libre soy de cualquier sentimiento lo que duele es no ser prisionero. La soledad invade mi cama, ya ni me acobija. No tengo el valor para preguntarle por qué ...

Unread Letter to an Unseen Reader

Y tú figura extraña y rara. Tú que te vas sin haberte siquiera tocado. Tú que entre montañas respiras y caminas entre los muertos. Tú, sueño de almohadas no hechas. Estructura corpórea que ha excitado mis sentidos sin tan solo probar con mis manos el sabor de tu piel. Quiero creer en las palabras no dichas, Aquellas que se hacen materia en el NO LUGAR, Esas mismas que mis oídos añoran escuchar. Vuelve sin que te vayas y no te vayas porque no vas a volver. Y cómo le explico yo al sentimiento que pierda el impulso orgánico que se activó al leerte. Es mejor que corras lejos de mí, corre porque soy capaz de asfixiar con un beso tu presencia. Escapa, huye,  titila entre los buenos aires sin medir los 2.600 metros. Huyo, corro y vacilo en el pensamiento de lo que es, del miedo que produce el saber que estuve tan a punto. Esta vez el toro ha muerto, entre telones y máscaras, entre maquillajes y nuevos trajes que nunca usará. Hay un regalo para ti, aquí, en el centro de mi pecho, no es ...