Para: Juan Tarquino. E.S.M
Ya está ocupado.
Espere su turno.
Vuelva a intentarlo.
Lo sentimos, hasta luego.
Odio tanto llegar a un lugar sin ser invitado. Presentarse con regalo incluido y una gran sonrisa como tatuaje facial no es suficiente. Puede no haber celebración o puede que ya no haya cupo. Desde hace un año y medio he preferido tomar el asiento de la esquina, un whisky en la mano y el gesto de admiración a las parejas de la fiesta, mover el pie derecho al compás de la música, saludar a unos cuantos desconocidos, fumar para tener cómo pensar, pedir otro trago, seguir vocalmente la canción que a gran volumen ambienta la escena, arreglar un poco las vestiduras, beber más whisky, sonreír porque se acerca un nuevo desconocido, perder el equilibrio y ganar la llamada para un taxi, llegar a casa y compartir mi cama con mi pijama.
Esta vez llegó una invitación a una festividad extranjera, el mensajero miró mis ojos fijamente y me hizo saber que era bienvenido con el mayor placer. Acepté sin creer que la invitación tenía mi nombre directamente escrito. [No busco ser profundo ni interesante, si no lo escribo me carcome]. Al llegar a la fiesta ya no era el hombre solo, el mismo del trago de whisky en la esquina, ahora mi rol era diferente: ahora, en el centro del lugar, con las miradas ajenas atentas, el que espera una copa de rigor, una mirada que lo acompañe hasta la casa, el mismo pijama de compañía, pero con la ilusión de volver a ser invitado a tan magno evento.
Las invitaciones se repitieron una y otra vez con mayor fuerza. Encantado asistí.
Nunca he sido el mayor Don Juan, no sé conquistar y me queda grande el discurso alentador de galanterías. No sé cómo actuar cuando alguien me mira fijamente. Me desnuda en timidez la mano áspera que acaricia la mía. Tampoco es de mi control el silente temblor corporal cuando me habla la voz con acento diluido.
No busco complacencias de nadie, quizá lo único es mantenerme perturbado.
[Este texto se me comporta tan esquivo, tan negado a ser escrito. Desearía tanto estar escribiendo sobre su antónimo, pero a veces se cae en el amor y a veces se cae en el dolor del amor]
Retomando: Volví a aceptar la invitación, esta vez el festejo tendría otra locación, un poco más natural y orgánica. Unos caminos que olían a campo, sonido y presencia animal, colores vivos y alentadores. A mi izquierda, la figura de la cual se desprendieron un sinfín de imágenes. Hubo tanto silencio… tanto. Perdí señal al verle jugar por el monte, al ver el humo que despedía su cigarrillo. Pero afortunadamente pude contenerme y evité hacer de sus brazos mis extensiones.
Pasó más silencio que tiempo.
En el afán de ser sorprendido por un cuerpo que se hiciera cómplice de este mío creé una visión y me sentí realizador de una fantasía. Accedí a tantas invitaciones como tragos de cortesía hubo. Sonreí tantas veces como miradas esquivé. Pero mi intuición es mi mayor enemiga y sabía que algo pasaría. Llevo 31 años conviviendo con ella [con mi intuición] y aún le doy la pelea porque no se salga con la suya, siempre pierdo. Había algo que no funcionaba, que no encajaba y claramente no era yo porque estaba en el lugar correcto, la actitud debida, las pocas palabras justas, las miradas cada vez más fulminantes, las frases adecuadas y no pensadas. Tal era el riesgo que no había planeación en absoluto.
Me lancé, sabiendo que el vacío era lo que me recibiría, sólo que esperaba que antes de tocar suelo sería agarrado de la mano áspera, no para detener mi caída sino para caer en compañía. La mano nunca llegó, no alcanzó, estaba justo soltando otra que no era la mía.
Este cuerpo mío se cansa ya de intentarlo y morir en el acto de intentarlo. No seré quien cure heridas que no han sido provocadas, ni quien consuele un dolor que no existe.
Este camino se hace cada vez más arduo. Hay piedras que no permiten el avance, mis largas piernas empiezan a perder fuerza y las rodillas se sienten atraídas por el suelo. El tiempo pasa sobre mi pelo como ventarrón. La ventisca del desierto. Nada hay, nada pasa y ya no sé si quiera esperar que su acento sacuda mi mundo.
Disculpe usted, me retiro a la esquina. Traiga un whisky, un marlboro light y déjeme como estaba: solo, quiero entender cómo termina algo que no empezó.
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Comentarios
Hoy declaro...que soy una fan de JUAN TARQUINO!!!
No se trata de esperar, se trata de continuar caminando pausadamente.