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Es ahora cuando veo las puertas entreabiertas.
Las calles vacías y húmedas, el aire lame el recuerdo de quienes pasaron afanadamente.
Lo sé muy bien, debo estar expuesto.
Pago el precio de lo nunca cometido, son los rezagos  de estar destinado a la no-utopía.
¡Cómo parte en dos lo que estuvo en pedazos hace tiempo y que ahora se vuelve uno, sólo uno!

Aseguran los transeúntes del estado de intimidación en que esta figura delgada los ubica. Madre, yo sólo respiro y sonrío. ¿Qué hay de villano en mi andar que detiene cualquier intento de caminar de la mano ajena?  La vida traza una delgada línea entre el camino desolado y el que está lleno de jolgorio.

Vacío.  Empty room. Living room.

Dime afrodita, ¿Cómo hiciste para quitarles a las sirenas sus amantes? ¿Cómo batallaste contra los destiempos? ¿Cómo apaciguaste las penas ajenas, las lejanías extranjeras, las mañanas desoladas y las convertiste en desayunos placenteros, de esos en que el pan no es llevado a tu boca por tu propia mano sino por la de tu amado?

He desarrollado una habilidad a renunciar hasta a lo que más me gusta, prefiero huir antes de ser acribillado. Reacción cobarde.
La peor parte de una porcelana rota son los pedazos que quedan por ahí, dispuestos a herir pasado el tiempo. En mi no-alfombra hay algunos de años pasados. Sin embargo, sé qué es lo que no quiero, lo aprendí del victimario corazón ajeno que ya no duele, pero marca y que ahora hace que desaparezca cualquier intento de aprendizaje.

Ya no quiero ser esa voz en el silencio.
No deseo conciliar dolores, porque el mío, intermitente, se descubre cada domingo.
No merezco la discontinuidad, no estoy hecho para procesos interrumpidos.
Se acaba la fuerza de las palabras inconexas y pétreas y no hay a la vista quien usurpe el lugar del latido silente que se atreva a derribar la equivocada construcción de las frases. Ya no sé ni de lo que hablo. Ya no sé, siquiera, el idioma en que todo esto debe traducirse.

Mañana es lunes.
Mañana el comportamiento olvidará dolores dominicales, estomacales, palabras pueriles  e inconstantes.

La bipolaridad de mis emociones es ahora causa y efecto de mi sueño nocturno, de mi respirar fatigado, de mi ilusión cansada.

Abro comillas, paréntesis, puntos suspensivos, me asomo por encima de mi coronilla, un poco más allá de mi nariz puedo ver la nada, el todo por el todo y la nada dentro del todo. No hay una mano amante que auxilie al corazón sombrío. Patetismo treintañero que sólo yo entiendo y disfrazo en comedia diaria. ¿Estaré “enjuveneciendo” en lugar de avanzar con mi edad? Características infantes y ridículas que encaminan la noche dominical y fría. La noche, el peor momento para dar noticias. Es en la noche cuando el cuerpo, débil y cansado, recibe sin defensas los ataques de la no-pasión. No está listo, pero no tiene prisa de estarlo. Está listo y tiene prisa de respirar, porque ya Hades enciende remos y viene por cada mortal, entre ellos usted y yo.

El cine estuvo bien. El cine no existió.

Discurso reiterativo e inexplicable que ya mañana borraré.

Y ustedes, enemigos de esa felicidad mía, festejen... una vez más acudan al jolgorio.

"Ámense los unos a otros, ámense hasta que todo acabe… Todo acabará pronto pues el amor eterno es aquel amor imposible"

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