Primer (¿y único?) texto
No, no podré asistir a mis asuntos pedagógicos si antes no desmaraño tanto pensamiento. Debo ser honesto y eliminar hoja y lápiz, apreciaciones estéticas, transformaciones conceptuales y dejarlas justo debajo del teclado.
En la mano derecha, plasmada está la mancha de tabaco que se dibuja dieciséis años atrás y que intenta borrarse. En la izquierda, una de las cinco uñas duele porque ya sus restos deambulan por mi organismo. En la frente el ceño cada vez más fruncido en señal de no entender si será Cat Power o seré yo maestro, yo caminante, yo amante, yo conquistador o yo príncipe azul que pierde color. Si quizá sean sus miradas que no logro entender o mi prevención por reconocerme juzgado. Si la culpa será de este afán por abrazarle o por su demora en amarme. Si se trate de mi intenso sentir o el juego que sus palabras causaron en mí una vez dichas y grabadas en mi cuerpo-memoria. Tal vez sea el palidecer de nuestras frases o lo similar de nuestro actuar. ¿Qué es? ¿Qué infunde en mí estas ganas de ya no tenerle como libertad y tenerle tanto como posesión?
Soy prisionero de sus palabras, de sus miradas y gestos de infante. Ha escuchado Cat Power, recarga mi batería cuando acaricia mi ambiente. Y me atreví a compartírsela. Alguien toca mi puerta, es ella (Cat Power) que me prohíbe rotundamente compartírsela, sabe bien a qué se refiere: si lo sigo haciendo terminaré odiándola cuando usted no esté porque su música en intersección con su ausencia será la receta mágica para dejar caer una que otra lágrima. Esto no es nuevo, no para mí. Hay fila en mi edificio, las más bellas voces se aglomeran para hacer que me arrepienta de compartirlas con quienes no supieron de su existencia. Y así fue. Las olvidé para evitar dolores posteriores.
Juzgue usted mi comportamiento como quiera, yo ya existía antes de que pisara mi valle. El mismo que fue pisado con barro, pasos de unicornios, iluminado por flashes fotográficos, receptores de poemas baratos y testigos de verdades mentirosas sobre Dios y Satán. A ese valle lo protejo con puño y corazón (miden lo mismo, ¿no?)
Tenerle en sueños tan pronto. Velar dos minutos de su adormecida posición. Abrir los ojos y ver su figura entre tinieblas. Despertar y tenerle al lado con la obligación de llamarle a un nuevo día. No hacer ruido para retenerle cinco minutos más. Tanto y tan poco. Tanto contraste con sus palabras. Hoy no despertamos con el pie correcto. Entre punto y punto no hubo espacio.
Ay de los dos fuegos que se encuentran cuando la llama es más alta
Ay de los dos leones que rugen por cual de los dos es más estridente
Ay de los dos Sansones que coleccionan liendres entre sus cabellos
Ay de las dos canciones que suenan tan sincopadas y tan arrítmicas
Ay de usted y de mí y de nuestros egos y de nuestras soberbias y de nuestras ternuras y de nuestros besos aún no dibujados
Preguntaré esta noche al dueño de los sueños si el encanto se desvanece antes de las doce. Pero no he ido aún a la fiesta, Madrina. Aún no llega en calabaza el cuerpo con el que bailaré toda la noche. ¿Y ya son las doce? ¿Ya le descubrí entre frases pedantes y ademanes patanes? ¿Ya me acobardé de pensar en que comeré perdices?
¿A quien escribir esto? ¿A qué ojos claros me dirijo? ¿Ante quien desnudo mi pensar? ¿Quién es testigo de este ataque de ego que pierde más de lo que apuesta?
La lejanía que usted plantea, pero que no es coherente con su actuar confunde cualquier determinación. Repito: no es la primera vez y quizá sepa cómo terminará esto. Decisión: Prefiero a Cat Power que me acaricia con su voz. Prefiero sus suaves miradas, sus fuertes apretones en mi rodilla. Prefiero que las manecillas se mareen de tanto girar. NO ME MOVERÉ DE MI CENTRO, PUES POR FIN ESTOY EN ÉL.
¿Qué hago yo pensando en usted si usted aún piensa en otro cuerpo, sin poder dejar de pensar en el mío? ¡Vaya lío!
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