Entradas

A tu amor yo me aferro.

Imagen
Necesito ir a cine Necesito hacer Tai Chi Necesito bailar frente a un espejo y bajo un conglomerado de bits Necesito escribir mi vida de nuevo Necesito seguir planeando el viejito que voy a ser y hacer de mí Necesito un abrazo con todo el cuerpo Necesito reír Necesito paz, salud, dinero, un techo Necesito tantas y tantas cosas que cuando me alejo de mis necesidades y las examino, me convenzo que lo único que necesito es de ti. Cuando vuelvas, vida mía, haré de mis necesidades banales las más minimas pertenencias y acostados el uno al lado del otro, nos reiremos del mundo y sus rutinas. Cuando vuelvas, hermosa, podré seguir amándote y amándome por sobre todas las cosas. Cuando vuelvas, amor, habré ganado la gran batalla y seguiré en la guerra más airoso que nunca. Cuando vuelvas, negra, habré logrado derrotar mis enemigos: el miedo y la impaciencia. Espérame.

A una lectora prontamente NO ausente.

Imagen
Estuve leyendo cartas, viendo fotos de amores pasados, recordando momentos. Estuve dando un vistazo a mi pasado y me descubrí tan otro, tan distinto a lo que hoy soy. Me reconocí en ese tipo al que las ilusiones lo sobre poblaban, yo era ese que salió de su país con la firme intención de probar cosas distintas, de conocer otras caras, de alejarse de toda comodidad, de olvidar desamores acumulados. Yo le pedí esto al universo, sin saberlo, y aquí estoy: implorando que termine o mejor gritándole que ya aprendí, ya conocí, ya sé. Estoy cansado de que me pasen las malas cosas que uno siempre pensó que nunca le iban a pasar. Y aunque parezcan una queja, estas letras lo único que intentan es convertirse en clamor. No quiero volver atrás, estoy seguro de ser más humano hoy. No hay momento más sincero para el ser humano que cuanto el dolor lo acompaña; es entonces cuando la percepción del mundo cambia y con solo recordar una palabra, se activa la melancolía. No tengo otra manera para...

De cómo me rescató Marcel. (Versión breve).

Imagen
Llovía, no era el mejor día para pegar carteles de Piaf. Yo sentía la necesidad de ir mil y una veces al Parque Centenario porque en esos momentos de ansiedad toda idea que aparezca se convierte en presentimiento. Alguien nos había dicho que habían visto a Piaf rondar por ese lugar y allí estuvimos por décimo tercera vez. Desde que se extravió Piaf voy por las calles silbando como le silbaba a ella en la montaña, porque estoy seguro que en algún momento reaccionará, rasgará la puerta de donde esté o vendrá corriendo hacia mí desde cualquier calle. Ese día, el 30 de noviembre de 2014, planeábamos darle la vuelta entera al Parque Centenario, poner carteles en todos los postes, en cada Canil, al lado de todos los tachos de basura, nada podría interrumpir la brigada. Nada, excepto él. Ya dentro del parque, vi cruzar un/a perro/a negro/a, caminaba lento, buscando comida en el piso o simplemente olfateando el lugar. Juraría que era la primera vez que estaba allí. Silbé. De lejos se vi...

57 días.

Imagen
Le he dicho a Marcel que se prepare porque cuando vuelvas no lo vas a dejar en paz. Le he dicho que Marcel que no se apodere tanto del territorio que hay un trono por compartir. Le he dicho a Marcel que eres juguetona y le vas a enseñar a perdonar. ¿Dónde estás, mancha negra? ¿Dónde te metiste? ¿Qué bien te has sabido esconder entre tanto  asfalto?  Recuerda las mañanas que gastábamos haciendo nada. Mirándonos a los ojos hasta que el sueño se apoderara de nosotros, con el desayuno servido. Busca el olor a casa, yo soy tu casa. Encuéntrame. Es patético no dormir contigo, pero es fatal no saber si duermes bien. Te dejo ir, negra hermosa. Ve donde quieres ir. Te dejo ir porque estoy seguro que el lugar donde quieres ir es donde estoy yo. Así que vete, vete rápido y abrázame allá donde estoy y donde soy contigo, esperándote. Cada día, desde tempranas horas te pienso, extraño y necesito. Pienso en ti y en  lo feliz que era al tenerte físicame...

Lunes.

Imagen
No me gustan las cosas perfectas porque del aburrimiento huyo. Soy adicto al agua, pero alguien ha tenido a bien cortarla para curar algún arreglo de la ciudad. Buenos Aires es como la Bogotá de los noventa, ignorante en el aseo callejero, lleno de sitios bohemios y sin otro interés que el personal. Y eso no está mal, es sólo que ya lo viví. Tengo, entre ceja y ceja, escribir una comedia, pero ando sin sentido del humor, soy todo el lugar común de alguien que pretende escribir y hasta eso me harta. No es suficiente ir a la tragedia para hacerla comedia. Es como si buscara hacerme reír a mí mismo, en lo que soy prolijo porque nadie me divierte como yo (egoísmo cínico), pero tampoco lo consigo. Estamos en invierno y el clima se comporta tan bipolar  como los adolescentes que quieren llamar la atención, como cuando uno tenía que ir a una fiesta, pero no lo dejaban; asimismo me pongo una chaqueta y hace sol. No importa, tampoco entiendo el símil o la comparación y eso no es pecado...

Lo Irreprensible

Qué inexplicable resulta la muerte. Qué contrariedad embarga el hecho de suicidarse. Oscilar entre la valentía y el ser cobarde. Qué complicada es la vida que uno no quiere, madre. Qué difícil es darse cuenta que no se es útil más que arriba de un escenario y, lo mejor, no querer ser útil fuera de él. Qué poco hábil es no permanecer en la inercia de los sentimientos. Qué sagaz es la suerte al provocarnos con vituperios. Hay una profecía en mi camino: “cuidaré la muerte de un hermano de la vida, correré hasta su enfermedad para ayudar a espantarla. Habrá mucho dinero en mi bolsillo, a mi nombre, sobre mí. Tendré, en la tercera luna, un cuerpo que no olvidaré jamás porque siempre me abrazaré a él. Saldré en grandes pantallas hablando en otro idioma”. No puedo esperar, madre, no quiero hacerlo. Porque impaciente soy y aunque me pierdo en la húmeda Buenos Aires, tengo claro a dónde no quiero volver: a los brazos de la inutilidad. Mátame madre, acaba con la poca...

A propósito de canciones que inspiran amar o a propósito de nada.

Quiero un amor a lo Lonely Avenue, pero con la versión de The Brian Setzer Orchestra, las otras me suenan a nostalgia y ésta invita a soñar. Quiero enamorarme como cuando ignoraba tanta putrefacción y soñaba. Cerraba los ojos e imaginaba unos labios alrededor de los míos. Caminar por la calle una noche, con la lluvia como único testigo. Darme besos sin pensar si durará toda la vida o tan solo mientras despierto. Alguna vez me reuní con uno de esos amores a los que les debo tantas alegrías y me dijo que me admiraba porque yo no había dejado de creer. Cuatro años después me descubro ateo de todo, hasta de mí y no estaría mal volver al lugar de partida. Arriesgarse a hacerse daño, a apasionarse con un cuerpo como sólo yo pude haberlo hecho antes. Pero ya estoy grande y cuesta desmantelar tanto vicio. Estoy pensando de más y es culpa del tiempo libre, tengo tanto de sobra que ya me estorba. A veces hasta busco pelear con el silencio para que al menos se vuelva incómodo y no tranqu...