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De cómo me rescató Marcel. (Versión breve).

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Llovía, no era el mejor día para pegar carteles de Piaf. Yo sentía la necesidad de ir mil y una veces al Parque Centenario porque en esos momentos de ansiedad toda idea que aparezca se convierte en presentimiento. Alguien nos había dicho que habían visto a Piaf rondar por ese lugar y allí estuvimos por décimo tercera vez. Desde que se extravió Piaf voy por las calles silbando como le silbaba a ella en la montaña, porque estoy seguro que en algún momento reaccionará, rasgará la puerta de donde esté o vendrá corriendo hacia mí desde cualquier calle. Ese día, el 30 de noviembre de 2014, planeábamos darle la vuelta entera al Parque Centenario, poner carteles en todos los postes, en cada Canil, al lado de todos los tachos de basura, nada podría interrumpir la brigada. Nada, excepto él. Ya dentro del parque, vi cruzar un/a perro/a negro/a, caminaba lento, buscando comida en el piso o simplemente olfateando el lugar. Juraría que era la primera vez que estaba allí. Silbé. De lejos se vi...

57 días.

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Le he dicho a Marcel que se prepare porque cuando vuelvas no lo vas a dejar en paz. Le he dicho que Marcel que no se apodere tanto del territorio que hay un trono por compartir. Le he dicho a Marcel que eres juguetona y le vas a enseñar a perdonar. ¿Dónde estás, mancha negra? ¿Dónde te metiste? ¿Qué bien te has sabido esconder entre tanto  asfalto?  Recuerda las mañanas que gastábamos haciendo nada. Mirándonos a los ojos hasta que el sueño se apoderara de nosotros, con el desayuno servido. Busca el olor a casa, yo soy tu casa. Encuéntrame. Es patético no dormir contigo, pero es fatal no saber si duermes bien. Te dejo ir, negra hermosa. Ve donde quieres ir. Te dejo ir porque estoy seguro que el lugar donde quieres ir es donde estoy yo. Así que vete, vete rápido y abrázame allá donde estoy y donde soy contigo, esperándote. Cada día, desde tempranas horas te pienso, extraño y necesito. Pienso en ti y en  lo feliz que era al tenerte físicame...

Lunes.

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No me gustan las cosas perfectas porque del aburrimiento huyo. Soy adicto al agua, pero alguien ha tenido a bien cortarla para curar algún arreglo de la ciudad. Buenos Aires es como la Bogotá de los noventa, ignorante en el aseo callejero, lleno de sitios bohemios y sin otro interés que el personal. Y eso no está mal, es sólo que ya lo viví. Tengo, entre ceja y ceja, escribir una comedia, pero ando sin sentido del humor, soy todo el lugar común de alguien que pretende escribir y hasta eso me harta. No es suficiente ir a la tragedia para hacerla comedia. Es como si buscara hacerme reír a mí mismo, en lo que soy prolijo porque nadie me divierte como yo (egoísmo cínico), pero tampoco lo consigo. Estamos en invierno y el clima se comporta tan bipolar  como los adolescentes que quieren llamar la atención, como cuando uno tenía que ir a una fiesta, pero no lo dejaban; asimismo me pongo una chaqueta y hace sol. No importa, tampoco entiendo el símil o la comparación y eso no es pecado...

Lo Irreprensible

Qué inexplicable resulta la muerte. Qué contrariedad embarga el hecho de suicidarse. Oscilar entre la valentía y el ser cobarde. Qué complicada es la vida que uno no quiere, madre. Qué difícil es darse cuenta que no se es útil más que arriba de un escenario y, lo mejor, no querer ser útil fuera de él. Qué poco hábil es no permanecer en la inercia de los sentimientos. Qué sagaz es la suerte al provocarnos con vituperios. Hay una profecía en mi camino: “cuidaré la muerte de un hermano de la vida, correré hasta su enfermedad para ayudar a espantarla. Habrá mucho dinero en mi bolsillo, a mi nombre, sobre mí. Tendré, en la tercera luna, un cuerpo que no olvidaré jamás porque siempre me abrazaré a él. Saldré en grandes pantallas hablando en otro idioma”. No puedo esperar, madre, no quiero hacerlo. Porque impaciente soy y aunque me pierdo en la húmeda Buenos Aires, tengo claro a dónde no quiero volver: a los brazos de la inutilidad. Mátame madre, acaba con la poca...

A propósito de canciones que inspiran amar o a propósito de nada.

Quiero un amor a lo Lonely Avenue, pero con la versión de The Brian Setzer Orchestra, las otras me suenan a nostalgia y ésta invita a soñar. Quiero enamorarme como cuando ignoraba tanta putrefacción y soñaba. Cerraba los ojos e imaginaba unos labios alrededor de los míos. Caminar por la calle una noche, con la lluvia como único testigo. Darme besos sin pensar si durará toda la vida o tan solo mientras despierto. Alguna vez me reuní con uno de esos amores a los que les debo tantas alegrías y me dijo que me admiraba porque yo no había dejado de creer. Cuatro años después me descubro ateo de todo, hasta de mí y no estaría mal volver al lugar de partida. Arriesgarse a hacerse daño, a apasionarse con un cuerpo como sólo yo pude haberlo hecho antes. Pero ya estoy grande y cuesta desmantelar tanto vicio. Estoy pensando de más y es culpa del tiempo libre, tengo tanto de sobra que ya me estorba. A veces hasta busco pelear con el silencio para que al menos se vuelva incómodo y no tranqu...

Piaf, el tedio y yo.

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Quiero llorar, pero no tengo penas. Quiero llorar, pero tampoco alegrías. Quiero llorar, pero sin fundamento. El tedio se convierte en mi aliado, Piaf no le ladra. ¡Qué mal ser! Debería gruñirle apenas lo presienta, pero ella está ocupada durmiendo. No lo siente porque es inmune. Sí que nunca se aburre y cuando lo hace, simplemente va hacia el tapete de la entrada, gime o ladra, llama mi atención y empieza la aventura de correr por las calles olorosas a putrefacción. Abajo no hay más que olor a orina y a residuos de viejas y nuevas basuras. Desechos de la vida perfecta que a cada quien le gusta pintarse de las 8 horas del día. Ahora me mira como preguntándose a qué nuevo parque la llevaré mañana. Ha roto la alfombra del departamento, ha rasgado con todas sus fuerzas el piso y me ha dicho en acciones que está aburrida, que anhela las montañas, el frío, el olor a estiércol , la chimenea, la piedra que bota agua. La miro a los ojos, los más bellos que Dios, el azar, el ...

Menarquia del viajero.

“Todo es siempre la misma vaina, los desayunos se repiten cada mañana. En mi historia giran cuatro ruedas, para mí se abren las puertas”. El tiempo pasa volando, aunque como a Dios, nunca lo vemos. Se hace necesario recordar lo que una vez empezó por ser un estímulo, una decisión, una motivación y que, con el pasar del mismo Dios tiempo, se olvida. En conversaciones sobre mi futuro, tuve un freno de tanto plan: ¿POR QUÉ ME VOY? Me voy. Estoy cansado de ser yo mismo en el mismo lugar. Le huyo a la rutina como desde hace treinta y tres año lo hago. Porque no quiero envejecer en mi zona de confort, porque estoy muerto creativamente, porque mi cuerpo clama por nuevos retos. Cansado está el cerebro de analizar las mismas situaciones, de pensar en las mismas personas. Si no lo hago ya, no lo haré nunca. Es momento de ser egoísta y dejar atrás tanto cariño reflejado en miles de personas, en mi madre a quien le debo mi estadía en este lugar, pero me voy. No hay marcha atrás. Y...